Hiena que ríe...

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Diez años de ese 26 de junio de 2002...

Diez años de construcción de la memoria colectiva..

Y una sucesión de instantáneas y frases que nos vienen a la memoria.

Eduardo Duhalde y su gabinete, quienes ya venían endureciendo el discurso y las acciones contra los movimientos sociales, defendieron inmediatamente a “su” Bonaerense dirigiendo la mirada hacia los trabajadores, desocupados y activistas políticos que reclamaban como autores de los asesinatos.

A esa tendencia tan vergonzosa por parte de la dirigencia política de nuestro país se sumaron esas nefastas voces periodísticas que señalaban al “enemigo” entre los trabajadores, desocupados y activistas presentes en el puente Pueyrredón.

Pero la impronta fotográfica de los “otros” periodistas, esa mayoría que muchas veces sucumbe ante la infamia sistemática de unos pocos, pudo poner en blanco sobre negro los homicidios en mano de los funcionarios policiales.

Gracias a Kosteki y Santillán, mártires de ese día, el duhaldismo comenzaba su retirada del poder figurativo que detentaba hasta quedar como hoy en día agazapado, señalado, pero latente. Con la mirada puesta en la mano dura, el manto de olvido al genocidio que enlutara para siempre las instituciones de gobierno, la diatriba fácil y las soluciones que nunca pudo dar.

Seguimos luchando para que la Policía de la Provincia de Buenos Aires abandone sus prácticas delictivas para que alguna vez podamos ver en el uniformado un aliado ciudadano. Un Franchiotti recluído en Baradero, en una cárcel de mínima seguridad, es un cachetazo a la ya poca credibilidad que de la Justicia se tiene en la sociedad, reabriendo las heridas. Mostrando una vez más sus contradicciones y selectividad penal.

Gatillo fácil, bandas mixtas, coimas, inacciones deliberadas, zonas liberadas y una constante actitud de rechazo al sistema. Maltrato al denunciante, extorsiones al comerciante y distorsiones para los fiscales… Como si fuera un trágico ABC que muchos se niegan a abandonar.

El delito no puede combatirse de esa manera ni con potenciales socios, que por acción u omisión, contribuyen a la desidia colectiva. Las causas y efectos del crimen se reproducen incesantemente alentadas muchas veces desde los espacios inimaginables.

Gases lacrimógenos, corridas, gritos, conmoción, policías de civil tirando al bulto, sangre y los cuerpos arrastrados hacia la caja de un móvil policial… Es entonces cuando las fotos de “ese” día agigantan el compromiso por ese cambio social que Maxi y Darío exigían. Los sembradores de escarnio y muerte nunca imaginaron que las ejecuciones potenciarían el reclamo y que la dignidad de los compañeros acribillados marcarían nuevos rumbos.

Y vinieron otras muertes, como las que provoca la miseria, la marginación y el hambre.

 Pero también hubo conquistas, nuevos sueños y cierto crecimiento económico que permite hoy en día seguir bregando por achicar brechas, generar oportunidades, mitigar las distancias, en el convencimiento que más siempre puede hacerse; que alguna vez alcanzará, que los miedos se irán y que nuestros dirigentes estarán a la altura de los acontecimientos.

Diez años ya…

Y por más que la hiena ría, impertérrita, sabremos que esa risa esconde la falsedad y la cobardía guardando en la escala del reino animal un lugar deleznable…

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