Los LAPICES de la Historia

Publicado por el en Academicas
  • Tamaño de fuente: Mayor Menor
  • Visitas: 578
  • 0 Comentarios


Te mataron y no nos dijeron dónde enterraron tu cuerpo, pero desde entonces todo el territorio nacional es tu sepulcro; o más bien: en cada palmo del territorio nacional en que no está tu cuerpo, tú resucitaste.

A la memoria de las víctimas de “La Noche de los Lápices”, o sea a todos nosotros.

Se conmemoró un año más de la emblemática “hazaña genocida” por la cual un grupo de estudiantes secundarios engrosó las listas de los detenidos –desaparecidos de la última dictadura militar en la Argentina. Pablo Díaz, junto a otros sobrevivientes de esos hechos, pudieron con sus testimonios esclarecer las razones de la sinrazón del crimen. La reivindicación, entre otras cuestiones, del boleto estudiantil como forma de contribuir a la facilitación de acceso a la educación provocó la reacción del Estado Dictatorial.

Pero a esta altura de los acontecimientos podemos coincidir que ese reclamo puntual escondía un miedo más profundo de los asesinos: esas “ideas subversivas” que los jóvenes en todos los rincones del país manifestaban con diferentes tópicos, podían germinar en la sociedad.

Los años transcurrieron entre esos fatídicos días de 1976, el silencio, el renacer a las Instituciones y la vuelta al mutismo neoconservador y cipayo que en líneas generales rememoraba los idearios económicos imperiales de los “salvadores de la humanidad”. No obstante lo señalado dicha coyuntura sobrevino en un gobierno democrático, no ya en un Estado ilegítimamente constituido.

Hoy se viven otros aires más puros.

La realidad del estudiantado secundario difiere de la década del setenta en la figura del Enemigo a combatir: ya no nos encontramos ante una dictadura, pero deben enfrentar las consecuencias económicas y sociales de las mismas. Hoy la lucha pasa por el reclamo de mejoramiento edilicio de los colegios y becas caídas que, al igual que el famoso boleto estudiantil, facilita el acceso a la educación pública.

Este resurgimiento de los Centros de Estudiantes y la actividad del Delegado como representante de las inquietudes de los jóvenes no pretende otra cosa que el fiel uso  y cumplimiento de la Carta Magna: el derecho de peticionar a las autoridades, el legítimo derecho de huelga de los docentes que también apoyan este renacer de sus educandos, la libertad de marchar por las calles y saber que nadie los puede perseguir ni enjuiciar ante el grito alzado, el aseguramiento de la correcta administración de los recursos surgidos del presupuesto nacional o provincial, etc.

Estudiantes y docentes conocen acabadamente las limitaciones de esos recursos puesto que las padecen. Sin embargo reclaman por un mejoramiento de las mismas dentro del ámbito del Derecho.

Se habla muchas veces de la violencia en los colegios y escuelas, sin darnos cuenta que un establecimiento educativo sin estufas, sin gas, sin ventiladores, con goteras, con un significativo olvido en ciertos establecimientos del interior del país, docentes inadecuadamente retribuidos representa un nivel de violencia superior al que en ocasiones se exterioriza. Me consta que el Gobierno Nacional pugna por minimizar con hechos concretos esas realidades para llevarlas a un estado óptimo pero todavía persisten en nuestra patria mentalidades arcaicas y espurias que ven en la educación y su infraestructura un gasto y no una inversión.

Hoy los jóvenes han recuperado, después de años de silenciamiento o invisibilización mediática, su poder de participación y militancia política.

Estoy absolutamente convencido, que lejos del concepto general de juventud perdida, nos encontramos ante una nueva forma de reclamo y conciencia de lo público. Conocen sus derechos (por estarlos estudiando) y los ejercen “enérgicamente” (¿existe otra forma de ejercerlos?). Conocen del valor de la palabra puesto que probablemente sea su único y más preciado valor. Conocen la importancia de la asamblea horizontal como forma de otorgarle a esa “palabra” el carácter de “épica”, tan necesaria a esa edad. Saben, por esa tendencia a lo catódico, que los medios son sus aliados en ocasiones para las sentadas y marchas; que un minuto de “aire” puede conseguir, lamentablemente, lo que no obtuvo una formal nota con foliatura y número de expediente. Necesitan ser oídos por las autoridades en forma orgánica puesto que también lo han leído. Saben que la reforma del año 1994 de la Constitución Nacional

le ha otorgado jerarquía constitucional a un grupo de Tratados Internacionales que claramente los menciona y los transforma en SUJETOS DE DERECHO.

Conocen y saben, en síntesis, lo que no quieren.

Intuyen que los adultos no valorizan muchas veces sus pretensiones o aspiraciones y que en ocasiones tienden a legitimar el orden establecido dando consejos lindantes con el “no te metás”. Y tienen razón, porque muchos “grandes” no aprendieron ni aprenderán las lecciones de la historia, esa historia que ellos quieren reescribir con su impronta.

El mundo entero da muestras que la juventud se “indigna” y levanta las banderas: primero los árabes, luego los españoles y portugueses; siguieron los chilenos, israelíes y británicos. Con las particularidades de cada rincón del mundo los unía el hartazgo, el insensible poder económico y la lucha por una realidad menos dispar.

Siguen y seguirán, lápices en mano escribiendo la historia.

Por las “pequeñas-grandes revoluciones”. Por la democracia eterna que supimos conseguir. Por la fuerza de la verdad!

Diego Dieguez Ontiveros

Creyeron que te mataban con una orden de ¡fuego!
Creyeron que te enterraban
Y lo que hacían era enterrar una semilla”
Ernesto Cardenal, poeta nicaragüense.

0

Comentarios

  • No hay comentarios por el momento. Se el primero en enviar un comentario.

Deja tu comentario

Invitado Viernes, 19 Enero 2018