Políticas en el espejo

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La socióloga Mariana Colotta indagó en concejalas del conurbano la evaluación que ellas mismas hacen de sus carreras en la política. Cómo explican las motivaciones que las llevaron a esa tarea, su relación con el poder, las diferencias con los políticos varones.

Tras un año plagado de elecciones en que se denunciaron incumplimientos de la ley de cupo por parte de todos los partidos políticos; a semanas de que la primera mujer que llegó a presidir el país por elección popular, después de ocho años de mandato, lo deja; cabe preguntarse si se logró el objetivo de fomentar y sostener la efectiva participación de las mujeres en la política que tenía aquella ley pionera sancionada hace más de dos décadas. Vale la pena también pensar si esa sensación de que las mujeres llegaron a la política para quedarse, que daba tener una presidenta por tantos años, tiene bases reales. A partir de una investigación sobre la tarea de concejalas del conurbano, La ¿nueva? inclusión de las mujeres al mundo político. Los discursos y prácticas de las concejalas bonaerenses (Editorial Biblos), su autora, Mariana Colotta, permite pensar estas y otras cuestiones vinculadas a la percepción que las mujeres tienen de su propia participación política. “Se requiere de la alianza de las mujeres con los varones para que (las mujeres) sean reconocidas y autorreconocidas como legítima autoridad, no sólo del ámbito público sino del privado”, dice.

Mariana Colotta es licenciada en Sociología (USAL), especialista en Gestión Universitaria por la Organización Universitaria Interamericana (OUI). Se desempeña actualmente como decana de la Facultad de Ciencias Sociales (USAL) y coordinadora del Area Género del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (Idicso).

La investigación La ¿nueva? inclusión de las mujeres al mundo político..., publicada por Editorial Biblos, comenzó en 2008 con el objetivo de comprender la experiencia de las mujeres políticas en los concejos deliberantes posterior a la ley de cupo femenino, sancionada en 1991. Se realizaron 21 entrevistas a concejalas en ejercicio de tres concejos deliberantes del conurbano bonaerense: Morón (nueve concejalas, 46 por ciento de representación femenina dentro del Concejo Deliberante), San Martín (cinco concejalas, 21 por ciento de representación) y Moreno (siete concejalas, 40 por ciento). También se trabajó con un grupo de comparación. Se hicieron 14 entrevistas a concejales de los mismos concejos deliberantes.

“Más allá de la diversidad generacional, las mujeres legisladoras del ámbito municipal entrevistadas comparten similares problemáticas a la hora de construir sus identidades políticas, porque, tal como dice Carole Pateman, la política ‘ha sido construida excluyendo a las mujeres’, y esto es parte de la herencia social con que las mujeres políticas han cargado y cargan aún durante su camino”, dice Colotta. Al mismo tiempo, explica, “no hay una subjetividad homogénea, sino subjetividades múltiples y contradictorias. Ser mujer y ser política, con sus respectivas atribuciones, son términos relacionales que no tienen contenidos fijos y estables”.

–¿Qué concepción del poder tienen las mujeres estudiadas?

–Más allá de la edad y de la afiliación partidaria, a partir de los relatos de las concejalas emerge una concepción de poder que pretende deconstruir la definición legitimada y masculina que se tiene de él. Este otro poder, por el contrario, no se fundamenta en jerarquías legitimadas por criterios tradicionales, sino que se construye situacionalmente; y se identifica con un ejercicio de poder antiautoritario, horizontalizado y participativo. De la mano de la concepción del poder sobreviene el tema de los liderazgos. Existe coincidencia en diferenciar los propios del mundo político tradicional, asociados con la autoridad, el control, el alto rendimiento y la buena administración; frente a las nuevas demandas de un liderazgo político al que se le exige honestidad, valores y principios. Estos atributos eran poco ponderados en el pasado, pero sí se demandan en la actualidad para llevar adelante una nueva forma de hacer política. Crecen entonces las demandas en torno a un nuevo tipo de liderazgo político, asociado con los liderazgos que parecen ir construyendo –o de los que por lo menos, se van apropiando discursivamente– las mujeres políticas como recién llegadas a la esfera pública.

–¿Las mujeres siguen concibiendo la política como un lugar de vocación de servicio?

–Los discursos de varones y mujeres son sustancialmente diferentes. Más allá de la edad, las concejalas recalcan que sus aspiraciones a ocupar un cargo en el legislativo municipal no se deben a metas políticas o a lograr un ascenso en sus carreras políticas, sino a una vocación de servicio o para contribuir al cambio social. Nunca responde a una ambición personal. Es coincidente la actitud negadora por parte de las concejalas a la hora de relatar sus principales motivaciones en aceptar la candidatura de concejalas como un peldaño dentro de sus trayectorias. Sin lugar a dudas, consideran que no es políticamente correcto, desde lo discursivo, legitimar este puesto como un trampolín en sus carreras políticas. Por el contrario, los varones enmarcan su acceso a la concejalía, o bien como parte de un proyecto colectivo (sobre todo para quienes militan en partidos vecinalistas) o haciendo referencia a sus carreras políticas como eje de sus argumentaciones, sobre todo para el caso de los concejales pertenecientes a los partidos políticos tradicionales. Los varones no necesitan legitimar discursivamente el porqué los convocaron para ejercer un cargo municipal, y no se esmeran en dar argumentaciones al respecto; todo lo contrario ocurre en las mujeres, que entretejen un discurso en el que hacen referencia a la lealtad partidaria, a sus méritos, a su conducta eficiente o a sus acreditaciones universitarias (sobre todo las más jóvenes) y al reconocimiento por un líder partidario masculino.

–Usted dice que las mujeres no capitalizan sus linajes políticos, mientras que los hombres sí, ¿por qué?

–Más allá de la edad, los varones hacen uso de sus familias emparentadas con la actividad política (hijos, hermanos de intendentes o ex intendentes) como fuentes de contacto y carta de presentación y acceso al mundo de la política local. No así en el caso de las mujeres, que aun contando con antecedes familiares políticos, no logran capitalizarlos en sus trayectorias para el ingreso a la esfera pública. La familia política las introduce en el debate y la lectura política, pero esto no necesariamente se traduce como elemento facilitador para acceder a cargos en el Concejo Deliberante. Sobre todo en las mayores de 50 años, para quienes, aun en el seno de familias políticas, se les remarcaba la deslegitimación de la participación partidaria femenina. A partir de los discursos de las concejalas, es evidente que una figura masculina, tanto padre, pareja o líder del partido al que pertenecen entreteje los inicios de sus trayectorias y las posibilidades de acceso al mundo político, y esto las aúna, más allá de su edad o del partido político al que pertenecen.

–¿El desencanto social de la política favorece a las mujeres?

–El desencanto actual respecto de la política, el funcionamiento de la democracia, sus instituciones y actores, parece fortalecer la preferencia por los liderazgos femeninos. En tanto que las mujeres suelen ser percibidas como externas al poder político y menos responsables de su decadencia, se apuesta a un cambio en las prácticas políticas tradicionales. Las expectativas sociales legitiman la presencia de liderazgos más cercanos y carismáticos, más vinculados a la vida cotidiana y a la gestión de lo privado, más espontáneos, más sencillos y humildes; características asociadas tradicionalmente con lo femenino. La imagen de la candidata abocada a las demandas de sus vecinos y el acento puesto en un liderazgo “light”, no autoritario se vuelven estratégicamente herramientas de captación de votos y argumentos que le otorgan aires de renovación a la política. Las concejalas coinciden en presentar en sus discursos un manifiesto rechazo al “politiqueo” característico de los varones, ergo, de la política tradicional, y reivindican, por el contrario, una cultura política basada en el consenso, en la transparencia, en lo explícito y en lo formal.

–¿Cómo influye la edad de las mujeres y los varones en su práctica política y sus concepciones?

–En cuanto a las concepciones del poder, varones y mujeres presentan definiciones similares si se trata de concejalas y concejales pertenecientes a partidos políticos tradicionales (peronista o radical). Sin importar la edad, para estos varones y mujeres, el poder es consignado como una herramienta para movilizar, establecer alianzas y coaliciones y, sobre todo en los concejales, se hace alusión a un poder piramidal, verticalista, que descarta el consenso. Respecto de los militantes varones y mujeres de partidos vecinalistas, estos se emparientan discursivamente en una nueva concepción de poder que se aleja del tradicional binomio mando-obediencia. Para estos concejales y concejalas, el poder se ejerce en un esquema participativo y consensuado, de manera antiautoritaria, horizontalizada y participativa, lo cual redunda en el empoderamiento del vecino; es decir, en la consideración del “otro” como sujeto libre. Es decir, hay militantes jóvenes de partidos tradicionales que apuestan al poder piramidal; es decir, hay jóvenes que se apropian de los viejos discursos acerca de la manera de ejercerlo, y hay militantes mayores que desestiman en sus discursos las definiciones tradicionales de poder.

–¿Cómo ven la ley de cupo?

–Los concejales mayores de 50 años, sobre todo los militantes de partidos tradicionales, encuadran la discriminación positiva como un tema de mujeres, por lo que no lo consideran una prioridad para ser tratada en la agenda de las políticas públicas. En cuanto a las mujeres, si bien la mayoría se manifestó favorable a la Ley de Cupo, más allá de la edad y el partido político al que pertenecen, muchas lo ven como un mal necesario. Es decir, aun cuando sirve para forzar la representatividad femenina, especialmente las concejalas más jóvenes consideran que este tipo de mecanismos no las reconoce como mujeres políticas en virtud de sus capacidades y méritos propios. “Las mujeres capaces no necesitan del cupo”, es uno de los comentarios reiterados, aunque asumen su carácter de salvaguarda. Otras, por el contrario, se centran en las brechas existentes entre la formulación y la aplicación de la ley, y entre el discurso jurídico que intenta garantizar la equidad y la práctica política de los partidos. Si bien la ley es percibida por las concejalas como un avance en la democratización de la composición parlamentaria, ellas visibilizan que los principales liderazgos en el interior de los partidos políticos siguen siendo masculinos y que el poder de injerencia en los procesos internos, sobre todo en la determinación de la posición en las listas, es limitado para las mujeres políticas. Sólo los partidos políticos que intentan posicionarse como diferentes a los tradicionales visibilizan la preocupación por la equidad de género en sus conducciones y en el armado de las listas. Es parte de sus discursos políticos garantizar la participación política de las mujeres, porque esto los reviste de un halo de mayor transparencia, horizontalidad, democracia y cercanía al vecino, valores y parámetros demandados como necesarios para construir una nueva cultura política en la que las mujeres se perfilan con un mayor protagonismo.

–¿Las mujeres concejalas tratan temas de género más que los concejales?

–En cuanto al trabajo en las comisiones del Concejo Deliberante, es evidente una división sexual del trabajo legislativo. Los concejales, al priorizar la tarea legislativa en función de las demandas del ejecutivo y las estructuras partidarias; y las concejalas, interesadas en satisfacer operativamente las necesidades de los vecinos al corto plazo, descuidando incluso la tarea legislativa propiamente dicha. Las mujeres seleccionan las comisiones de trabajo en función de su expertise. En el caso de las mayores de 50 años, los temas relacionados con el mundo doméstico, la educación, el bienestar social y los niños las encasillan naturalmente. En el caso de las menores de 50 años, las universitarias son las que más se corren de las comisiones típicamente a cargo de mujeres, al sentirse respaldadas profesional y académicamente. Son también estas concejalas más jóvenes, que si bien no logran expresarse en términos teóricos de defensa de intereses de género, las que traducen la conciencia de género en prácticas concretas de acción. Como cuando proponen la adecuación del horario de las sesiones del Concejo Deliberante a los horarios del mundo doméstico; o cuando imponen en la agenda pública temas y problemas a partir de las reelaboraciones que hacen de sus necesidades. Con todo, estas mujeres políticas se organizan y movilizan sobre la base de necesidades prácticas o problemáticas coyunturales, pero no en torno a la opresión o discriminación que viven como mujeres.

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