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Un nuevo 2 de abril fecha en la que se recuerda el inicio del conflicto bélico de Malvinas y me gustaría reflexionar juntos acerca del forzamiento del olvido.

Toda situación traumática familiar tiende a ser ocultada, borrada en muchas oportunidades de la “memoria del clan”, retaceada, objetada, etc. Pero todo ello no tiene sino un mismo norte: negarnos la oportunidad de hablar en profundidad de lo que pasó y del trato que le diéramos a los actores del drama con posterioridad del suceso. Y permítaseme la comparación puesto que entiendo que los mismos esquemas elusivos domésticos se aplican a la memoria colectiva.

Nuestra sociedad, cimentada bajo un esquema de poder paternalista, acató durante décadas el mensaje “oficial” de abrazo, medalla, hurras y a tu casa…

Esa fue la mirada imperante durante años acerca de las causas y consecuencias del “episodio de las islas”. Periodistas, historiadores, guionistas de cine, y fundamentalmente los propios actores del drama comenzaron a canalizar su penosa experiencia a través de los medios comunicacionales e institucionales otrora cerrados y hace un tiempo abiertos.

Un dolor inconmensurable tiñe hoy a nuestro país con el recuerdo de las vivencias de esos soldados cuya figura se agiganta aún más en el conocimiento de sus limitaciones de entrenamiento o carencia de recursos para una guerra impensada, sádica y mesiánica pergeñada por el verdadero “eje del mal” dictatorial.

Como si la genocida dictadura no se hubiera ensañado lo suficiente con los jóvenes que pensaban distinto, en una nueva versión de su estratégica visión acerca de las nuevas generaciones de ciudadanos, los manda a la muerte sin más. A sabiendas que la bíblica reseña de la lucha de David contra Goliat solo tuvo final feliz en esa representación literaria…

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Por Dr. DIEGO HERNAN DIEGUEZ ONTIVEROS para MALDITAS PICADAS, NEUQUEN SEPTIEMBRE DE 2010.-

La mayoría de los medios de comunicación escritos u orales caen permanentemente en una trampa dialéctica: hablar de muertes por accidentes de tránsito.

Nunca más desacertada la referencia a un eventual hecho de características accidentales. La estadística marca que la mayoría de esos “hechos de tránsito” nunca son accidentales y están relacionados con un accionar negligente, doloso o culposo pero pocas veces accidental.

En lo que va de este año la muerte en las calles relacionadas con esta creciente realidad que nos embarga supera la estadística, en nuestro país, del año anterior.

Del total denunciado de las 76 víctimas fatales de lo que va del 2010, la cantidad de 23 resultan de hechos donde fueron parte unidades de colectivos.

Desde hace un tiempo esta Asociación ha notado el  particular interés que el Estado en todos sus estamentos, vale decir Nacional, provincial y municipal, ha demostrado en sus políticas preventivas y/o represivas.

Pero, obviamente, todavía no alcanza.

El deceso por hechos de tránsito es la principal causa de muertes entre los jóvenes, más que el cáncer, o la droga. Parece mentira pero es así. A eso debemos sumarle las secuelas en esa cruenta estadística para los que sobreviven y padecen severas lesiones que los acompañan toda la vida.

Entonces deviene imprescindible replantear nuestras prioridades con respecto a la seguridad ciudadana. En esta lucha, en particular nuestra organización, siempre ha tenido un aliado irrefutable en el periodismo.

Nuestra particular realidad socio-cultural, marcada  por un alto nivel de confrontación política mediática, ha logrado que el tema se instale en las dos agendas: la de los medios y la del gobierno.

Adentrándonos en el tema que guía a nuestra agrupación, las picadas callejeras, debemos ser absolutamente honestos: Al día de hoy percibimos que existe un mayor nivel de concientización con respecto al problema de las competencias ilegales. Desde los inicios de este arduo camino, plagado de recuerdos dolorosos, sinsabores, desencantos, desconfianza hacia el sistema de justicia, vemos con prudente satisfacción que se produjeron algunos cambios . Lejos todavía del estadío ideal de compromiso social y político al que aspiramos, pero con significativos visos de seriedad.

La criminalización de este proceder incorporada al Código Penal Argentino en su artículo 193 bis desde el año 2008 dice:

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Por Dr. Diego Dieguez.

Especialista en Derecho Penal.

Lo que sigue es una breve lección de Derecho.
A manera de disparador cito textualmente una de esas maravillosas “síntesis” de Eduardo Galeano: “Fue la señal, como la traición contada en los evangelios: - A la que yo dé un beso, ésa es.

Y a fines de 1977, en Buenos Aires, el Ángel Rubio besó, una tras otra, a Esther Balestrino, María Ponce y Azucena Villaflor, fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, y a las monjas Alice Domon y Léonie Duquet. Y se las tragó la tierra. El ministro del Interior de la dictadura militar negó que las madres estuvieran presas y dijo que las monjas se habían ido a México, a ejercer la prostitución. Después se supo que todas, madres y monjas, habían sido torturadas y arrojadas vivas al mar desde un avión. Y el Ángel Rubio fue reconocido. A pesar de la barba y de la gorra fue reconocido, cuando los diarios publicaron la foto del capitán Alfredo Astíz firmando, cabizbajo, la rendición ante los ingleses. Era el fin de la guerra de Malvinas, y él no había disparado ni un tiro. Estaba especializado en otros heroísmos.” (1)

Y ya no fuimos los mismos. . . Pero lejos de aprender de la cruenta lección, sistemáticamente tendemos a crear nuevas condiciones de dominación que nos tornan vulnerables. El infierno o el mal visten nuevos ropajes.

Y se refleja en ciertas comunidades originarias de este país que se desvanecen ante la impávida mirada de los otros.

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